sábado, 13 de diciembre de 2014

L. A. B.
Por: José Domingo Dupuy

      He llegado a la sorprendente forma, para mi mayor admiración, del manejo de la palabra del poeta Luis Alfonso Bueno en los trabajos que subyacen en lugares donde lo he oído expresarse, o en alguno que otro remitido aparecido en periódicos. En algún cruce de opinión histórica sobre la existencia de Coro.  No es en sus libros de poesía publicados, ni siquiera en sus propios testimonios vivenciales que detallan parte de su tráfago terreno, que igual ha editado. Es una suerte de verbo escrito no descubierto, de lenguaje medieval, de castellano castizo, de sintaxis resistida al tiempo, de lenguaje de los poetas malditos, Rimbaud, Poe, Elías David Curiel que me causan entrañable respeto. Lo de lenguaje medieval es por la lealtad al español antiguo, por el apego a sus orígenes griego y latino que pone el poeta Bueno. Así lo considero. Si se pudieran recoger todas esas frases de lo que el viento se llevó en algún momento y lugar de la corianidad, dichas por el poeta Bueno, si las pudiéramos armar como rompecabeza, tendríamos una composición poética de fuerza huracanada. Esa palabra de Luis Alfonso, lanzada a la intemperie del análisis literario, de la desigualdad del tiempo, de lo dicho por el propio poeta al lado de su existencia, hace una composición original en el idioma castellano. No hablamos del uso de una figura inventada por los académicos llamada metalenguaje, ni mucho menos modelos formales de sintaxis para la descripción de la gramática, como la insípida gramática generativa, es el propio y genuino idioma castellano con su prolífica riqueza lexical que notamos en la palabra escrita por el poeta, en sitios y lugares donde Luis Alfonso Bueno elevó su voz en algún instante en la tierra coriana, es un lenguaje sintáctico descrito bajo la reglas de la exquisita gramática tradicional, la de la Academia de la Lengua, la de Andrés Bello.  Esta literatura dispersa del poeta va pareja a su obra escrita publicada, es como las líneas paralelas, que sólo se encuentran en el infinito, es una obra escrita oculta entre líneas fronterizas de lo real e imaginario, es un trabajo para descubrir, está latente en la propia raíz gráfica de su acento vocálico. Es asunto de una compilación. Es un llamado a quienes desde la academia buscan la certificación universitaria en materia literaria, para que consideren material valioso a descubrir en la escritura falconiana por medio de la investigación descriptiva. Lo de Luis es un premio a la investigación literaria, es un halago a la escritura del coriano. Poner énfasis en un poeta coriano como Luis Alfonso Bueno, es de valor, desde su adolescencia barajó su destino en dos vertientes, la literatura jurídica y la sensibilidad estética de la palabra, así se hizo confesor del verbo, para diseminar  en la tierra xerófita de Coro el germen poético que da aliento a su palabra. Se trata de poner en alto relieve una poesía y prosa del lenguaje, bien determinada, de descubrir formas escriturales relevantes, de riqueza lingüística fecunda, que anida prolíficamente en nuestro idioma. 
EL PLACER DE CONSTRUIR UN CUATRO O UNA GUITARRA 

       Ligera y profunda es la ilusión de hacer un cuatro o una guitarra, de verlo terminado en manos de un virtuoso ejecutante. Se le va dando a la madera, un espesor de 2 milímetros o de 1,5 para la tapa armónica, igual para la tapa de fondo, también los aros van parejos a estas medidas. Más tarde viene doblar los aros en un tubo con calor para montarlos en un molde donde tomaran la forma geométrica de su arquitectura. En adelante se hará el mástil con cedro de Honduras, para asentar en él, una tablilla fina, hecha con madera de fuerte duramen, de 3 milímetros de espesor, que dividirá la distancia entre trastes, finos alambres de alpaca, una aleación de níquel, cobre y zinc, para que la siniestra haga los acordes musicales al ritmo que dicta la diestra en la ejecución de una melodía. En ese mismo andar se levantará el puente para sostener las cuerdas ajustadas por las clavijas, dándole una tensión que anide la nota musical, que a cada una de las cuatro o las seis le corresponda con una nota en la escala musical de la frecuencia del 440, aunque la filosofía tibetana es partidaria de utilizar el La natural con una frecuencia de 432 Hz ya que consideran que a esta frecuencia el cuerpo humano recibe efectos profundos en la conciencia y las células que lo componen. Dicen los maestros tibetanos que toda la música que escuchamos en este momento con la afinación del La natural a 440 Hz, genera una frecuencia inarmónica con el planeta y el organismo humano. Y yendo hacia el destino trazado de darle vida al cuatro o la guitarra, es necesario, después del puente, esculpir la cejuela, cerca del clavijero, para que las cuerdas descansen en una suerte de diván que dará una placentera suavidad al rasgueo o punteada del instrumento, también se utilizará el escoplo para añadir la cejilla al puente, porque entre la cejuela y la cejilla del puente debe haber una distancia denominada tiro de cuerda, que con el traste 12 harán la medianía. Luego que el tiempo le va dando forma al instrumento, se elaboran las barras armónicas, unas varillas finas de cedro o pino armónico, que serán montadas dentro de la caja armónica del instrumento, dándole una característica especial al sonido de la nota de los bajos y los agudos. Terminando la creación del instrumento, se le hará el ropaje para proteger su cuerpo exterior, un líquido espeso de origen químico irá ocultando los poros de la madera, serán dos o tres manos, para luego darle el baño cristalino del barniz que hará refulgente su vestir y prestancia.