domingo, 21 de abril de 2013

Esta canción la conocemos en Venezuela como Cabeza de Hacha. También se le conoce como Martirio. Aquí la escuchamos por Carlos Gardel como Tupungatina

sábado, 15 de diciembre de 2012

martes, 14 de agosto de 2012

Bistro Fada


lunes, 18 de junio de 2012

Dos años. Intérprete: José Domingo Dupuy


Nuestro Juramento. Intérprete: José Domingo Dupuy


RAMÓN MERCEDES FALCÓN



Por: José Domingo Dupuy

Se ha dado por llamar a los fabricantes de instrumentos de cuerdas, luthier, un término bastante académico que se ha difundido últimamente. Para los españoles, buscando exaltar el idioma y dándole la protección debida, le llaman: guitarrero. Pero lo verdadero del oficio, es la práctica, la manera de trabajar la guitarra, o en nuestro caso el cuatro, ese tratamiento casi místico de labrar la madera, de darle la forma debida para que su sonido y su aspecto físico, vayan parejo al arte musical. Ramón Mercedes Falcón es oficiante de este antiguo arte de hacer cuatros, me refiero al instrumento nacional, porque la guitarra de cuatro órdenes que en el país se sembró hace más de 450 años, era la misma que se ejecutaba en Europa para la época de la llegada de los conquistadores a América, y ella no gozaba, precisamente de una fama irreprochable ya que siempre en ese tiempo no aparecía en un marco muy decoroso. En la época del Renacimiento algunos compositores consideraban la guitarra como un instrumento tosco y grosero, pero el mismo Fray Juan Bermudo quien hablara mal de ella en su versión popular, expresaba que el músico de guitarra se hace merecedor de alabanzas por la dificultad de componer obras polifónicas para un instrumento de sólo cuatro órdenes. Ramón Mercedes, allá en la sierra falconiana, ha sabido interpretar sabiamente la cultura del cuatro venezolano –heredero de esa guitarra renacentista de la que hablamos- con la mística y habilidad del buen guitarrero. Le ha puesto a la construcción del cuatro el toque primigenio de levantarlo con la habilidad y humanidad de su oficio, es decir lo construye con un toque personal que se refleja en su sonido y diseño. A Ramón Mercedes Falcón lo conocí hace mucho tiempo sin que él se percatara de mi interés por el cuatro. En una oportunidad lo visité en su casa y le encomendé la construcción de dos cuatros que todavía conozco el paradero de ellos, protegidos por dos personas que sé, lo custodian con mucho celo. Y a la vuelta de más de 25 años, volví a encontrarme con él a través de una comunicación a distancia para pedirle me construyera un cuatro con Palisandro de la India, madera noble y exquisita de fino sonido musical, entonces las manos de Ramón Mercedes le dieron a la madera el tratamiento fiel y cuidadoso que se merece la Dalbergia de los bosques de Madagascar. En poco tiempo recibí el cuatro encomendado, elegante, con la vestimenta sobria que debe tener la corteza de un árbol milenario, tocado su duramen con el escoplo de un maestro y la pulcritud del buen oficiante de guitarrero; tomé posesión del instrumento una tarde de diciembre en este Coro castizo, donde en algún momento de su días coloniales, también aquí llegó la guitarrilla europea de cuatro órdenes, autorizada por Real Cédula para entrar en América por los Reyes Católicos un 15 de junio de 1497, en el mes cuando la canícula en el Caribe pauta el calor reverberante en las calles corianas. Es así, que complacido con el arte del luthier Ramón Mercedes Falcón, la obra reposa en mis aposentos familiares en un lugar de honor.     

lunes, 18 de julio de 2011

La canícula de julio

Oyendo a Raúl Naranjo, cantando El último café, se me viene a la memoria los años sesenta. Entonces tenía yo en mis manos el mundo de la adolescencia, miraba la televisión. Renny Presenta, figuras como Ray Charles, Tom Jones, Stevie Wonder nos divertían y alegraban la vida, nos creíamos tener el mundo a los pies. Era la Época de Oro de la televisión venezolana. El Show de Renny era otro de los estelares programas de la televisión de la época, se presentaba ese gran cantante juvenil Cherry Navarro. Hace pocos días se fue ese fértil trovador argentino Facundo Cabral, el amargo de su partida está fresco en el aire de nuestra existencia, se dice, y lo expresó él mismo en su reciente visita a Venezuela en un programa de televisión sobre sus primeras venidas al país, habló de su presentación en el programa de Renny. Salgo a la calle, todavía la canícula deja sentir el calor que la tarde ha dejado, la intensidad de los rayos solares se perciben en el ambiente, cruzo la avenida Manaure en dirección este, el semáforo se detiene para que pase, el color esmeralda de la luz me permite hacerlo, me sitúo en la esquina de enfrente y continúo mi andar hacia el otro lado de la ciudad, es el caminar cotidiano del momento, el vapor canicular nos hace respirar con mayor esfuerzo, es la construcción de la crónica urbana, la del momento, la que se consume en la memoria colectiva de la ciudad, me tropiezo con unos transeúntes, una linda joven me saluda, le devuelvo el cumplido, luego despierto de la realidad, cuando escribo ésto son las siete y diez minutos de la noche de un día de julio de un año cualquiera.